Sala De Espera °°•••

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Sala de espera

        Pasa el tiempo y no pasa. Espero paciente, sentado en esta silla entre las cuatro puertas. Justo a la altura de mis ojos, la primera, con un pequeño letrero que tiene escrita la palabra “Tiembla”. Una segunda que periféricamente percibe mi oído con la inscripción “Apnea”. A mis espaldas, la tercera: “Ataraxia”. Por último, la puerta de la izquierda sin letrero por la que entré. La luz de la bombilla sigue con su parpadeo el patrón binario 100111011 sobre mi cabeza. 

        En el primer ciclo, me levanto y camino de un lado a otro. En el siguiente, me vuelvo a sentar, esperando a que me llamen. Cuando la luz comienza de nuevo con su mantra, recorro el perímetro de la sala con los dedos. En el posterior parpadeo, recorro las esquinas dibujando una estrella a mi paso. Pasa el tiempo y no pasa. Narrativamente, tengo que haber entrado por la puerta sin letrero y cada vez, aunque tenga menos memoria, estoy más seguro. Me afianza y me enorgullezco de ser una estatua de mí mismo. Cuando la luz parpadea de nuevo, me acerco a la primera de las puertas, la toco y siento un hormigueo en las manos. Empiezan a temblar de miedo, después de rabia y, por último, de frío. 100111011 y me siento de nuevo. Se apaga la luz y trato de elaborar un plan para sobrellevar la demora e incluso disfrutarla. Aunque esta espera sea un continuo para qué y sacrifique gran parte de mi tiempo, la cumplo minuciosamente y me convenzo de que merece la pena.

        Al encenderse la bombilla, para mi sorpresa, me encuentro acariciando la segunda puerta. La respiración se vuelve lenta y espesa. Mi garganta se cierra y mis manos tratan de girar el picaporte ensuciándose de alquitrán; les asusta más la puerta cerrada que la abierta. La tinta me recorre hasta el cuello. 100111011 y me siento de nuevo. 100111011 y río a carcajadas. 100111011 y, tras un pitido, me levanto a golpear con todas mis fuerzas la primera y la segunda puerta. 100111011 y, culpable, tiro del cableado de la bombilla, me quemo los dedos, la arranco. En la oscuridad trato de acariciar “Ataraxia”, aunque temblando y con cierta asfixia. Ya no sé cómo recorrer este sitio, ni como esperar; no recuerdo la estela que formaban mis pasos. 100111011 y desde el silencio surge una voz: “Se puede ir a casa”.

Punto Ciego ••••••

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Punto ciego

        “El punto ciego se debe a la ausencia de fotorreceptores en el área de la retina donde el nervio óptico y los vasos sanguíneos abandonan el globo ocular. Lejos de interpretar esta falta de información como una mancha negra, el cerebro la completa con un proceso denominado rellenado. Se dice que el rey Carlos II de Inglaterra utilizaba su punto ciego para decapitar imaginariamente a sus enemigos.”

        Distingo con claridad el punto A, el B y el C. Pero, si por ejemplo, centrándome en el C, cierro mi ojo derecho y me acerco poco a poco, los puntos A y B aparecen y desaparecen. Por suerte, cuando se marchan, no se lo llevan todo, dejando una ausencia cómoda; tintinean mientras que la atención está puesta en otro lado y colapsan en el momento en el que me alejo y puedo ver con perspectiva. También se revelan cuando estoy tan cerca que, de forma desesperada, se cuelan por el rabillo del ojo. 

        Un punto ciego se descubre por casualidad. Las personas más despiertas y con los ojos más abiertos podrían no llegar a detectarlos nunca, pues viven sin ver huecos. Y es que, cuando ambas imágenes se complementan, esconden las carencias de la una en la otra. De forma retorcida, aunque se quisieran sacar esas lagunas a la luz cubriéndose un ojo, lejos de percibirlas, se rellenarían de forma imaginaria.

        Esos tres puntos podrían ser cualquier cosa que uno se proponga: en una parte, todo aquello que mereciera ser visto, y en la otra, lo que se deja de lado. Mismamente yo podría ser C, ajeno a mi alrededor. También podría ser A y B, apareciendo como destellos en ocasiones puntuales (solo cuando C quiera). Podría ser el ojo: abandonar esa visión divina y reconocer que no veo el mundo que es, sino el mundo que soy. Quizás podría ser el hueco, rellenándome rápidamente para no resultar incómodo. Por último, podría ser el punto ciego y tener la extraña sensación de ser la ausencia. Un punto ciego se descubre por casualidad.

Nana •••°•••°•••

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Nana

        Hoy estaban especialmente revoltosos y me he tenido que ir. No tenía fuerzas para calmarlos, pero espero que recuerden las nanas que les cantaba. Si no, dudo que puedan sobrevivir sin conocer ni una sola, y es solo cuestión de tiempo que, frente al silencio, nazcan forzosamente aquellas que les abriguen. Dentro de unas horas surgirán melodías lentas, luminosas, frenéticas o torpes. Nanas que aliviarán a unos y empujarán a otros a cantar las suyas propias. Quizás deba volver.

        Al acercarme, se cumplen mis sospechas: los cánticos vibran por todas partes, chocando y atravesándome la cabeza. No consigo escuchar mi propia nana entre tanta interferencia. Se me olvida y me sumo a la masa, confundiéndome como uno más y no como quien debería poner orden. Todos mantenemos un murmullo constante. Al rato, irrumpe alguien con el mismo objetivo que yo perseguía hace unos momentos. No sé cómo, pero lo hace mejor que yo: en poco tiempo logra el silencio general y el mío propio. Después de unos minutos, comienzan a gritar y llorar desde el fondo. Arrastran al resto como la marea. Se derrumba el ambiente, incontrolable incluso para este último “salvador”, ahora parte del coro. Poco a poco va llegando y sumándose más y más gente.

        En un arrebato asumo el mando. Me alzo para callarlos, arranco a cada uno su melodía y lo único que se escucha es una gotera incesante y mis propios pasos al irme. No la recordaba así, pero ¿es acaso esa mi nana? Nanas que aliviarán a unos y empujarán a otros a cantar las suyas propias. Quizás deba volver.

        Me disculpo. Hablo con los que están dispuestos, me tararean su nana y me cuentan por qué la cantaban. Los escucho, intento darles lo que necesitan y les canto la mía. Algunas veces hay un abrazo al final, otras no. Repito el proceso, cada vez quedan menos y va creciendo el eco. Con el último, se vacía la sala y solo queda la calma. Respiro y se detiene la gotera. Esta es mi nana y esto es el descanso para mí.